martes, 10 de febrero de 2015

¿QUÉ ES UN AMIGO DE VERDAD?

Seguro que alguna vez en vuestra vida habéis oído decir a alguien: "Yo tengo muchos amigos". Pero claro, no entienden que los amigos que tengas en facebook, twitter o tuenti (entre otros) no son reales. Las redes sociales han influido mucho en este tema, hasta tal punto de llegar a deformar la definición de "amigo".



Pero ¿Realmente sabemos qué es un amigo? y  ¿Cómo diferenciarlo de aquel que sólo finge serlo? Este es el motivo de esta entrada.

Se entiende por amigo a aquella persona que mantiene una relación afectiva con otra y comparte, tanto intereses y aficiones como inquietudes y preocupaciones. Es una relación interpersonal imprescindible para el humano, ya que es un ser social por naturaleza. Pero a veces puede ocurrir que personas que creías que eran tus amigos de verdad, en realidad no lo son, lo que te hace replantear el significado de esta palabra, y si se ha estado utilizando correctamente.

Así pues, vamos a analizar más profundamente esta definición.
  • Persona que mantiene una relación afectiva con otra. Esto quiere decir que dos personas son amigas de verdad cuando sienten empatía mutua en cualquier situación; y están dispuestos a ayudarse, tanto si están equivocados (para corregirse) como si están en lo cierto (para ayudarse).
  • Que comparte intereses y aficiones. Esto quiere decir que dos personas son amigas porque han descubierto intereses y gustos comunes que pueden experimentar juntos y y crear buenos recuerdos. Este hecho estrecha lazos.
  • Que comparte inquietudes y preocupaciones. Esto quiere decir que dos personas son amigas cuando se preocupan por los problemas y preocupaciones mutuamente y tratan de ayudarse para procurar su felicidad mutua. Este hecho estrecha aún más los lazos.
 Si tienes personas en tu entorno que cumplen con estos requisitos, enhorabuena porque eres una persona muy afortunada y deberías conservarlos porque merecen la pena; por el contrario, si tus amigos no cumplen con alguno de estos requisitos, entonces no se consideran realmente amigos.



Y para ello, voy a exponer una serie de hechos que te ayudarán a diferenciar entre un amigo de verdad y uno que finge serlo.

Si te hace reír y bromea de vez en cuando siempre hasta un límite y sin pasarse, entonces es un amigo de verdad; mientras que si te hace reír pero a costa del mal ajeno y a veces bromea pero no controla cuándo tiene que parar, entonces sólo finge serlo.

Si comparte su vida y sus experiencias, ya sean buenas o malas, y después deja que tú también compartas las tuyas porque realmente le interesa, entonces es un amigo de verdad; mientras que si comparte sólo parte de su vida y experiencas que le convienen, y después no se interesa por las tuyas, entonces sólo finge serlo.

Si ve que tienes un problema, se preocupa por ello y después te ayuda a solucionarlo, entonces es un amigo de verdad; mientras que si ve que tienes un problema, no se preocupa por ello y prefiere permanecer al margen (ya sea por cobardía o pasotismo), entonces sólo finge serlo.

Si cuenta contigo para lo que sea, y no sólo para cuando le interesas, entonces es un amigo de verdad; mientras que si sólo cuenta contigo para salir esporádicamente de fiesta o cuando necesita algún favor, entonces sólo finge serlo.

Si te hace daño, ya sea directa o indirectamente, pero se da cuenta y hace lo posible por arreglarlo entonces es un amigo de verdad; mientras que si te hace daño y ves que lo sabe pero no hace nada para remediarlo, entonces sólo finge serlo.

Seguramente existan muchos más ejemplos que demuestren la diferencia, pero estos son los más destacados por su presencia constante en la vida social de una persona. Así que, abrid los ojos para prevenir posibles decepciones futuras, ya que la gente puede cambiar a lo largo de la vida (asunto que hablaré en otra entrada), o puede que en realidad sea de una forma diferente a la que pensábamos porque no le hemos conocido lo suficiente.

Los amigos de verdad se suelen ver mejor en las situaciones difíciles, ya que para lo bueno todo el mundo está, pero para lo malo desaparecen, quedando sólamente los que realmente merecen la pena.



lunes, 2 de febrero de 2015

EL MIEDO

Todo ser vivo ha experimentado alguna vez el miedo. Algunos piensan que es de cobardes, pero están muy equivocados. El miedo es necesario para la supervivencia animal, incluida la de los seres humanos. Pero ¿Qué es el miedo?, ¿Por qué se produce? y ¿Cuáles no podemos evitar sentirlos? Estas preguntas siempre han estado en mi cabeza y por eso son el motivo de esta entrada.
El miedo tiene múltiples definiciones, dependiendo del enfoque que queramos darlo, de manera que:

Desde el punto de vista biológico, el miedo es un esquema adaptativo que constituye un mecanismo de supervivencia y defensa, y surge con la finalidad de permitir al individuo responder ante situaciones adversas con rapidez y eficacia; por lo que tenerlo es beneficioso.

Desde un punto de vista neurológico, es una forma común de organización del cerebro, y consiste en la activación de la amígdala (conjunto de núcleos de neuronas) situadas en el lóbulo temporal.

 Desde el punto de vista psicológico, es un estado afectivo y emocional necesario para la correcta adaptación del organismo al medio, que provoca ansiedad y angustia.

Y desde el punto de vista social y cultural, forma parte del carácter de la persona y está influenciado por la sociedad, por lo que se puede aprender a temer objetos o situaciones, pero también se puede aprender a no temerlos; dependiendo de lo que se considere bueno o malo en cada cultura.

Pero a pesar de todas estas definiciones, sin duda alguna el miedo nos alerta de peligros que no nos han ocasionado algún dolor, sino más bien de una amenaza a la salud o a la supervivencia. Además, el miedo se hace, no se nace con ello. El miedo se origina por un cúmulo de experiencias negativas o desagradables, ya que un bebé recién nacido que nunca ha sido asustado o ha visto cosas que le aterroricen carece de miedo.

Otra de las grandes cuestiones es por qué sentimos ese miedo ante ciertas situaciones. Pues bien, según un artículo publicado por Nature Neuroscience, se puede decir que el miedo es cuestión de números y depende de una votación "democrática" entre nuestras neuronas, ya que cada neurona puede distinguir individualmente lo que supone una amenaza de lo que no; por lo que si la mayoría se alarman sentimos miedo, pero si sólo se alarman unas pocas podemos permanecer tranquilos.

Utilizando la técnica psicoanalítica de Pavlov para adiestrar un perro a salivar cuando oía una campana anunciando comida, los investigadores del Centro Nacional de Ciencias Biológicas de Bangalore (India) enseñaron a un grupo de ratas a temer un sonido concreto que lo seguía una descarga eléctrica de otro que no tenía castigo, utilizando así el condicionamiento clásico.

Los roedores enseguida aprendieron a distinguir entre los dos sonidos, el que anunciaba problemas y el que era neutro. Cuando las ratas ya tenían claro lo que había que temer y lo que no, los investigadores midieron la actividad eléctrica de sus neuronas, que es la base de la transmisión de los impulsos nerviosos; y vieron que con el aprendizaje la actividad eléctrica cambiaba, es decir, la mayoría de las neuronas respondían con más intensidad al sonido del peligro que al neutro.

 Sin embargo, vieron que había un pequeño número de neuronas (que podríamos clasificar como miedosas) que no tenían esa capacidad de distinguir el sonido amenazante del neutro, y se alteraban en ambos casos. Pero a pesar de ello, se imponía siempre la opinión de la mayoría de las neuronas, y la rata se mostraba tranquila ante el sonido neutro.

Pero a base de repeticiones, los investigadores descubrieron que la actividad eléctrica en la amígdala (el cuartel general del miedo) había cambiado por completo. Ahora casi 5 de cada 6 veces las neuronas respondían de forma alarmante tanto al sonido peligroso como al neutro. Y esto se debe a que una gran parte de las neuronas habían perdido la capacidad de distinguir lo verdaderamente peligroso y se habían convertido en mayoría, lo que explica el comportamiento de "más vale prevenir" que surge de la sabiduría y experiencias previas.

Por esta razón, con el tiempo la persona aprende a tener menos miedos que de joven, ya que tiene más conocimiento de la vida, y la experiencia le ayuda a saber cómo actuar para evitar situaciones futuras que pueden provocar miedo o incertidumbre.

Pero, a pesar de que existe una gran variedad de miedos, muchos de ellos capaces de superarlos con el tiempo a base de esfuerzo y experiencias como por ejemplo: miedo a la oscuridad, a ciertos animales, pánico escénico...; siempre va a haber 3 grandes miedos comunes a todas las personas, que van a experimentar alguna vez en la vida y que no podrán evitar sentir. Estos miedos son: soledad, rechazo e impotencia.

La soledad es un gran miedo para el ser humano debido a que somos sociales por naturaleza . Una persona puede ser independiente pero no solitaria. Es decir, cuando somos pequeños solemos ser dependientes de la figura o figuras de apego como son los padres, y más tarde del grupo de iguales como son los amigos. Pero cuando la persona madura, adquiere la suficiente autonomía como para independizarse lo suficiente y valerse por sí misma. Sin embargo, durante todo ese proceso siempre va a necesitar estar en continua relación con otras personas. Alguien que pasa solo mucho tiempo acaba perjudicando su salud mental, y el simple hecho de sentirse así puede provocar pánico y ansiedad.



El rechazo es otro gran miedo, sobre todo el rechazo social. Este miedo está estrechamente ligado al anterior, ya que al ser sociales nos gusta sentirnos aceptados y valorados por los demás, y el simple hecho de pensar que podemos ser desplazados por alguien o excluidos de alguna actividad o relación es insoportable. Además, este miedo provoca una disminución de la autoestima y de la confianza de uno mismo, llegando al punto de la depresión.




Y la impotencia o la sensación de no poder hacer nada ante un problema o situación es otro gran miedo muy arraigado en el ser humano ¿No os ha pasado alguna vez que os surja un problema, ya sea personal o ajeno, y que por mucho que hagáis no podáis solucionarlo? A mí sí, y se pasa realmente mal. Hace que te sientas inútil y acaba desesperando. Y este miedo surge desde pequeñitos, cuando algo se rompe y no podemos arreglarlo o dejarlo como estaba en un principio. Claro está que de pequeños no somos conscientes de que las cosas superficiales, como objetos, se pueden reemplazar por otras con dinero y solucionar así el problema; pero a medida que nos hacemos mayores vamos descubriendo que son otras cosas, como la familia, el amor o la amistad, lo que no se puede solucionar o reemplazar con dinero. Lo que provoca realmente impotencia es el hecho de perderlo y no poder recuperarlo de nuevo por mucho que hagamos.

En definitiva, el miedo es una sensación muy presente a lo largo de nuestra vida y el hecho de tenerlo no es malo, ya que nos ayuda a aprender de los errores y de las malas experiencias. Gracias a él, podremos evitar en un futuro que ciertas situaciones se repitan y tener así una mejor calidad de vida. Y por supuesto, cuanto más escarmentados estemos, podremos prevenir mejor la aparición de estos grandes miedos.

domingo, 25 de enero de 2015

DESMANTELANDO LOS 7 PECADOS CAPITALES

La personalidad del ser humano está compuesta por un conjunto de virtudes y defectos que nos hacen únicos. Algunos abundan más que otros dependiendo de la persona, y eso es lo que nos define como más buenos o más malos.

Pero la Iglesia siempre nos ha inculcado que para ser buenas personas tenemos que reducir al máximo los defectos que nos hacen ser malos, denominándolos pecados capitales o vicios, y clasificándolos en siete: Ira, gula, ambición, envidia, lujuria, pereza y orgullo.


Su objetivo es que erradiquemos estos vicios de nuestra vida para ser puros, pero no sé si son conscientes de que eso es imposible. Estos "pecados" de los que habla la Iglesia no son más que rasgos de la personalidad imprescindibles e inherentes al ser humano. Superficialmente pueden parecer perjudiciales, pero con esta entrada os quiero demostrar que cada uno aporta un beneficio para la vida, el cual no podría darse si no existiesen.

Así pues, comencemos con la IRA, que se define como un estado de enfado violento o deseo de venganza. A simple vista la ira se considera negativa porque conlleva agresividad, pero imaginaros si todo el mundo careciese de este rasgo, incluido los animales. La ira hace que todos los animales puedan defenderse ante ciertas amenazas.

Sólo existió un animal que no tenía ira y que ahora está extinto. Ese animal es el Dodo, un ave columbiforme (con forma de paloma) del tamaño de un cisne con una cabeza enorme y un pico robusto. Vivía en las islas Mauricio y el último ejemplar desapareció en 1761 porque se dejaba comer los huevos de sus crías. No sentía esa necesidad de defender lo que era suyo, lo que se puede denominar un ave tonta careciente de ira o enfado. Por tanto, la ira también es necesaria para defender lo que es nuestro y así hacer frente a ciertas situaciones.

Continuemos con la GULA, que es el deseo o placer por la comida y bebida sin necesidad de pasar hambre o sed. No existe ser en la tierra capaz de comer sólo cuando tiene hambre teniendo comida a su disposición en cualquier momento o cuando se le ofrece. Hasta un simple gato, si le ofreces un trozo de comida que le guste, lo comerá aunque no tenga hambre.

Este hecho se debe a que nuestro organismo está preparado para poder comer, a pesar de carecer de hambre, con el fin de almacenar energías y así tener reservas por si más adelante falta la comida. Además, el gusto influye mucho en este rasgo, ya que, gracias a nuestras papilas gustativas, la comida nos resulta agradable y atractiva, saboreándola de manera que así saciamos ese placer que nos provoca comerla.


 Sigamos con la AMBICIÓN, definida como el deseo ardiente de poseer riquezas, poder o cualidades. Si esto lo aplicamos a la vida individual de cada persona, la ambición es necesaria para conseguir los objetivos, metas o sueños que tenemos. Gracias a la ambición el ser humano tiene la suficiente motivación como para no desistir en un sueño por muchas veces que fracase. Si insiste lo suficiente, tarde o temprano lo conseguirá.

Por eso existen muchas personas que han llegado tan lejos a pesar de los palos que le ha dado la vida, como Walt Disney por ejemplo. Antes de convertirse en uno de los hombres más famosos del mundo, trabajó para una empresa que le despidió por falta de creatividad. Puede parecer irónico, pero él jamás desistió porque tenía bastante ambición y continuó por su cuenta hasta crear una de las mayores empresas de dibujos animados de la historia, y que actualmente sigue teniendo mucho éxito y fama.

En lo que se refiere a la ENVIDIA, ésta se define como el sentimiento o estado mental que nos hace sentir desdicha por no poseer lo que el otro tiene, ya sean bienes o cualidades. Es decir, es el deseo de algo que no se posee. Siempre se ha dicho que existe envidia buena y mala, pero ambas persiguen el mismo objetivo: la necesidad de conseguir lo que otros ya tienen para ser más felices. Este rasgo de la personalidad es la causa o el desencadenante de que todo ser vivo imite a otro; y gracias a la imitación se produce el aprendizaje de conocimientos, cualidades y habilidades necesarias para la supervivencia y calidad de vida.

Además, existe un autor de la psicología evolutiva, Ausubel, que explica este comportamiento con su teoría constructivista del andamiaje y aprendizaje por descubrimiento a través de la imitación  de lo que otra persona hace, la cual actúa como modelo en dicho proceso de aprendizaje. Así pues, si no existiese la envidia, las personas no tendrían la necesidad de imitar y se habrían perdido muchos conocimientos y habilidades útiles para la vida.

Si hablamos de LUJURIA, también conocida como lascivia, nos referimos al deseo o apetito sexual apasionado e incontrolable. Este rasgo de la personalidad apareció en el ser humano tras perder lo que se conoce como celo en los animales. El celo hace que se produzca una segregación de hormonas sexuales que hacen que estén receptivos para aparearse y así reproducirse en ciertos momentos del año; pero el ser humano es el único animal que ha evolucionado de tal manera que puede elegir cuándo aparearse. Se puede decir que está en celo constante, y esto es gracias a la lujuria.

Si el ser humano (que ya carece de celo) no tuviese ese libido o apetito sexual, no tendría razón alguna para reproducirse y mantener así la especie. Por tanto, esa pasión que sentimos hacia otras personas y que nos provoca placer es la que, en cierto modo, nos salva de la extinción.

En cuanto a la PEREZA, se define como la falta de ganas de realizar actividades, es decir, las ganas de no hacer nada. Aunque mucha gente toma este rasgo como negativo, en realidad se da en todo ser vivo (el campeón de esta cualidad se lo lleva el perezoso, de ahí su nombre), y tiene un objetivo bastante beneficioso que es: combatir el estrés provocado por ciertas situaciones o la rutina diaria.

Si las personas no tuviesen pereza, no pararían de hacer cosas y moverse, lo que aumentaría el estrés y el cansancio tanto físico como mental. Por eso es tan necesaria, ya que ayuda a desconectar de la monotonía y relajarnos durante un rato para tener nuestro momento de paz. Esto es tan necesario como el ejercicio; siempre debe haber un equilibrio para una buena calidad de vida.

Y por último tenemos el ORGULLO, también conocido como soberbia, y definido como un exceso de estimación propia o arrogancia, pero también se considera una satisfacción personal que se experimenta por algo propio y valioso para uno mismo. Este rasgo de la personalidad es imprescindible tenerlo en su justa medida, ya que nos ayuda a autoafirmarnos ante ciertas situaciones; lo que hace que los demás no puedan aprovecharse de nosotros.

Si no tuviésemos nadie orgullo, seríamos una presa fácil para aquellas personas a las que les gusta aprovecharse de la bondad o generosidad de la gente. Además, tenerlo evita que tengamos una baja autoestima ante situaciones que puedan rebajarnos o humillarnos como personas.

Como podéis ver, todos estos rasgos también forman parte de nuestra personalidad; y que los poseamos no significa que seamos peores personas. Aunque no debemos olvidar también que todo en exceso es malo, así que no debemos abusar de ellos. Como he dicho antes, siempre debe haber un equilibrio. Esa es la clave para una buena vida.

sábado, 3 de enero de 2015

LA MAGIA DE LOS BESOS



Desde pequeños siempre nos han dado besos para mostrarnos el afecto y cariño que sienten hacia nosotros pero, sin duda alguna, el beso con el que más se siente y el que más nos gusta es en los labios con la persona que amamos.

A pesar de transmitirnos cerca de 80 millones de bacterias durante un beso apasionado de 10 segundos, según los estudios realizados por unos científicos de Nueva Zelanda, el beso tiene tanto peso sobre nuestras emociones y nos reporta tantos beneficios que estamos dispuestos a correr ese riesgo.

Pero ¿Por qué son tan importantes nuestros labios?

A parte de ser la única zona del cuerpo que no suda, los labios son el lugar más sensible y erógeno de nuestro cuerpo, ya que está compuesto por multitud de terminaciones nerviosas cuyo tacto nos hace sentir más que en otro lugar; por eso utilizamos los labios como una forma de expresar nuestro cariño hacia los demás.

Y ¿Por qué nos gusta tanto dar besos? Esa es la clave de esta entrada.


La respuesta se encuentra en el momento que nacemos. Nuestro primer contacto afectivo y de seguridad se produce en los labios, al sentir la presión del pezón de la madre cuando somos alimentados. Un ejemplo muy claro se aprecia en el estudio que realizó Freud, el cual dice que la primera etapa psicosexual por la que pasa el ser humano es la etapa oral, donde los labios, lengua y encías son el centro de las sensaciones placenteras en el cuerpo; y la succión y alimentación son las actividades más estimulantes. Esto hace que el cerebro del bebé asocie toda esta estimulación que recibe a través de los labios con emociones positivas que perduran durante toda nuestra vida.



Por otro lado, el beso también es muy importante a la hora de conservar una pareja. Es uno de los factores que nos ayudan a decidir si realmente existe una conexión con la otra persona. Cuando estamos con la pareja aprendemos mucho de ella a través de nuestros sentidos del olfato, gusto y tacto; y toda esa información es recibida por el cerebro, que se encarga de procesarla y asimilarla. De hecho, el olor de una persona puede proporcionar pistas subconscientes sobre su ADN.

Además, los psicólogos evolutivos de la Universidad Estatal de Nueva York descubrieron, a través de un estudio, que el 59% de los hombres y el 66% de las mujeres dicen que han terminado una relación porque los besos no iban bien. Esta es la prueba de fuego definitiva de nuestra naturaleza, lo que hace que nos sintamos más atraídos por personas que pueden ser nuestros mejores socios genéticos. Y esta selección hace que acabemos estando con personas con una clara diferencia genética a la nuestra para combatir enfermedades, lo que tiene como beneficio que los hijos tengan un sistema inmune más fuerte.

Esto no quiere decir que estemos pensando en ser padres cuando nos besamos con nuestra pareja, pero sí es verdad que los besos proporcionan las pistas necesarias para ayudarnos a decidir si una relación es buena o no.

martes, 9 de diciembre de 2014

LA IMPORTANCIA DE LA ALIMENTACIÓN

Seguramente estaréis ya cansados de escuchar y leer por todas partes lo importante que es tener una alimentación equilibrada para mantener una vida saludable. De hecho, casi todos los anuncios publicitarios hacen referencia a la prevención de obesidad y bienestar físico; pero yo no os quiero aburrir aún más con eso, ya que la alimentación influye también en otros factores que para mí son más importantes que la estética o igual de importantes que la salud física.

A pesar de todos los intentos de sensibilización para una buena alimentación, sigue habiendo gente que se pregunta por qué a veces se encuentra mal sin motivo, está desganado o le cuesta concentrarse y muchas veces está de mal humor sin saber por qué, lo que hace que se acaben frustrando aún más.

Todo este tipo de síntomas están estrechamente ligados a nuestra salud, la cual se basa principalmente en las relaciones sociales y la alimentación.

Las relaciones sociales ayudan a tener un mejor autoconcepto y una autoestima positiva, pero lo que realmente nos ayuda a sentirnos bien con nosotros mismos es la alimentación, ya que ésta no está relacionada sólo con problemas físicos, sino también con mentales y psicológicos.

Algunos de los factores que están más influenciados por la alimentación son la memoria y la capacidad de concentración debido a la necesidad de nuestro cerebro por determinados componentes naturales que le permiten poder ejercitarse e ir madurando adecuadamente; por eso, es necesario mantener una dieta equilibrada en la que no existan carencias o abusos de ciertos alimentos. Por ejemplo:

Una dieta donde se primen las grasas saturadas aumenta la producción de la proteína Beta-Amiloide que pueden promover la aparición del Alzheimer.

Los azúcares blancos son buenos hasta cierta medida, ya que el cerebro necesita glucosa para funcionar activamente, pero un exceso de los mismos puede producir nerviosismo e influir negativamente en la memoria y capacidad de concentración.

Es evidente que el alcohol perjudica seriamente a nuestro cerebro ya que hace, entre otras cosas, que dejen de producirse en el cerebro ciertas conexiones neuronales indispensables para fijar recuerdos, de ahí el origen de las famosas "lagunas" de una noche de fiesta.

Y las proteínas son necesarias para nuestro correcto funcionamiento y sobre todo para el desarrollo de nuestra masa muscular, pero un abuso de ellas, especialmente de las derivadas de carnes rojas y quesos curados, producen triptófanos y serotonina, excitando negativamente al sistema nervioso.




 Así que si queremos manener una buena vida es necesario alimentarse adecuadamente ingiriendo también vitaminas, hidratos de carbono y otros componentes como el calcio, hierro, fósforo... y no sólamente aquello que "nos gusta" porque, por si alguien lo ha olvidado, somos criaturas omnívoras, por mucho que nos empeñemos algunos en ser "carnívoros" o "herbívoros".





Además, os diré un pequeño y curioso secreto. Aunque exista gente que tiene unos gustos muy reducidos y por eso apenas comen variedad de alimentos, en realidad el ser humano ha desarrollado una capacidad de adaptación increíble, lo que le ayuda a adaptarse rápidamente a su entorno para sobrevivir; y el gusto no es una excepción. Si una persona empieza a comer progresivamente alimentos que en un principio no le gustan, con el tiempo su gusto se irá adaptando de manera que empezará a parecerle agradable al paladar y al final acabará gustándole. De hecho, algunas bebidas con la que suele ocurrir esto son con la cerveza o bitter Kas.

En esta línea puedo hablar desde mi propia experiencia. Desde pequeña siempre he aborrecido el queso. Su sabor amargo me producía náuseas cada vez que tocaba mis papilas gustativas cercanas a la campanilla y era incapaz de tragármelo, por lo que lo etiqueté como "alimento que no me gusta". Pero en el fondo yo sabía que el queso es bueno ya que proporciona principalmente proteínas, vitaminas y calcio; así que hice un esfuerzo y empecé a comerlo primero mezclado con otros alimentos como: pasta, empanadas, pizzas, perritos, ensaladas, membrillo... y su mezcla me empezó a resultar sabrosa. Continué así durante un tiempo hasta que decidí probarlo solo, y para mi sopresa ya no me producía la misma sensación que al principio, sino que me gustaba. Actualmente soy una apasionada de los quesos, mi favorito el de cabra.

Para terminar, me gustaría contaros las pequeñas ventajas que tiene una alimentación variada. Recordarlas porque son una de las claves de la felicidad:

- Mayor vitalidad y energía.
- Mayor fuerza y resistencia.
- Mayor memoria y concentración.
- Mejores reflejos, sensación y percepción.
- Mayor agilidad.
- Mejor estado de ánimo.
- Mejores defensas por el reforzamiento del sistema inmunológico.

Nuestro cuerpo necesita de todo para funcionar como es debido, así que no seáis crueles con vosotros mismos, que se disfruta más viviendo bien. Vida sólo hay una, no la malgastéis.





martes, 18 de noviembre de 2014

¿CREENCIA EN SERES SUPERIORES?

El ser humano, un animal con una inteligencia superior al resto de la fauna, capaz de razonar y tener sentimientos y emociones complejas, pero con un rasgo que nos hace únicos: la inevitable sensación de creer en que tiene que existir siempre alguien superior a nuestra existencia desde tiempos inmemoriales. Pero, que se crea en ello ¿Significa que realmente exista?

Ra, Buda, Alá, Dios... existen muchos nombres para definir a esos seres superiores. Algunas culturas sólo creen en uno (monoteístas), otras creen en varios (politeístas), pero todas coinciden en que son superiores a todas las especies del planeta. Aunque, la existencia de una pluralidad de creencias pone en duda la veracidad de una ideología u otra para muchos investigadores.

De cualquier manera, esta entrada no se centra en debatir si realmente existen o no, ya que siempre ha habito 3 posturas: los beatos que creen incondicionalmente, los ateos que lo niegan rotundamente y los agnósticos que se mantienen al margen, ni lo niegan ni lo afirman por la falta de pruebas (que normalmente coinciden con los empíricos). Y mi opinión no tiene más peso que la de otra persona con ideas contrarias a las mías. Lo que realmente me llama la atención es: ¿Por qué el ser humano siente la necesidad de creer en seres superiores si todavía no se ha demostrado explícitamente su existencia?



Sí es cierto que existen escritos que datan de tiempos muy antiguos acerca de este tema, por lo que demuestra que este pensamiento está fuertemente arraigado al ser humano desde su aparición como ser racional. Y aquí está la clave del asunto. Como seres racionales que somos, sentimos la necesidad de buscar una respuesta a todo lo que nos sucede a nuestro alrededor.


Pero cuando no somos capaces de hacerlo entonces buscamos posibles alternativas irracionales para acallar nuestra incertidumbre, frustración e incluso miedo, entrando en un mundo de moralidad liderado por la fe o creencia de algo que no está sustentado por pruebas.

Un rasgo que ha caracterizado siempre al ser humano es el miedo a lo desconocido, a aquello que no podemos explicar o no entendemos, como el sentido de nuestra existencia y qué pasará después de nuestra muerte (nuestro origen y destino). Y ante todo miedo, el ser humano siempre se defiende de manera natural, en este caso, apoyándose en la religión, ya que es incapaz de soportar el pensamiento de que vayan a desaparecer para siempre una vez que su vida termine en la tierra. Dicho apoyo ayuda a las personas a hacer frente a la muerte, fortaleciendo su valor y autoestima, y así convencerse de que todo lo que han sufrido en vida es recompensado. No ha sido en vano.


Pero la inteligencia emocional del ser humano nunca ha sido estática, siempre ha ido cambiando con el tiempo. La gente poco a poco se va haciendo más fuerte mentalmente con respecto a este pensamiento, por eso cada vez hay más personas que no necesitan creer en algo superior para dar sentido a su existencia, simplemente viven su vida lo mejor que pueden porque saben que eso es lo realmente importante.


Pero, aunque cada vez exista más gente con una mentalidad empírica, siempre va a haber personas que sigan creyendo en seres superiores, ya que el ser humano sigue manteniendo dichas creencias como satisfacción de saber que una vez que mueran les estará esperando ese ser o seres supremos a los que entregaron su vida y les salvarán. Una creencia igual de respetable que otra.

Además, muchas personas actualmente no han perdido la fe porque han experimentado situaciones dolorosas o críticas, en las cuales toman a esos seres superiores como solución radical a cada una de sus dudas e interrogantes; a pesar de que los medios de comunicación, la música y la moda son enemigos de la trascendencia, ya que presentan a la sociedad modos de vida donde la religión es prescindible.

Como conclusión, me gustaría finalizar esta entrada hablando desde mi propia visión con respecto al tema. Así pues, aunque me considere una persona empírica en un estado católico-laico, si alguna vez me preguntasen si creo en Dios, nunca negaría su existencia rotundamente porque para mí Dios no es tal y como lo describe la Iglesia, sino que es un concepto abstracto que describe las virtudes y cualidades buenas de cada persona; de ahí que se utilice la frase "Tío, eres dios" cuando nos gusta cómo es una persona o nos impresiona algo que ha hecho.

lunes, 10 de noviembre de 2014

¿QUÉ ES REALMENTE EL AMOR?

Esta palabra es usada por todo el mundo y muchas veces se dice fácilmente, pero ¿Qué es realmente y por qué se produce?


Existen personas que no creen en ella como tal, sino que es una simple invención del ser humano para describir la atracción entre dos individuos. Pero con esta entrada os quiero demostrar que esta palabra esconde mucho más de lo que se cree, y tiene varias definiciones dependiendo de la perspectiva en que se mire, ya que no es lo mismo el amor que sentimos por la pareja que por un padre o una madre.

Si partimos de la definición romántica por excelencia, el amor es un sentimiento relacionado con el apego y el afecto, resultante y generador de una serie de actitudes, emociones y experiencias. También se considera una virtud que representa el cariño, bondad y compasión del ser humano. Como se puede observar no implica sólo atracción, sino un conjunto de sentimientos y emociones más profundos que hacen que queramos proteger y estar con esa persona toda la vida.

Además, existen diferentes maneras de amar, aunque al final todas se reducen a la misma definición. La única diferencia radica en que el amor que sentimos por una persona que nos gusta incluye atracción sexual; pero tanto para una mascota como para un familiar o la pareja sentimos la necesidad de quererlo, protegerlo y cuidarlo debido a la gran importancia que tiene en nuestra vida.




Si nos centramos en el amor que sentimos hacia alguien que nos gusta (que es lo que más interesa), todas las personas lo acaban sintiendo a lo largo de su vida, pero casi ninguna sabe realmente cómo ni por qué se produce, por eso cuando se lo preguntas a alguien le resulta muy difícil definirlo.




Científicamente hablando, el amor es un conjunto de reacciones químicas, causadas por una sustancia en nuestro cerebro denominada "Feniletilamina". Esta sustancia obliga a segregar dopamina cuyos efectos son parecidos a las anfetaminas, lo que produce un estado de euforia natural cuando estamos con esa persona que nos gusta. Además, nos viene dado genéticamente, ya que los mamíferos estamos instintivamente programados para procrear; y su objetivo primordial es crear vínculos que permitan cuidar a la descendencia.


Pero este amor no se produce de manera espontánea, sino que sigue una serie de fases:

Primero reconocemos en la persona actitudes, virtudes y otros elementos clave que responden a la frase "me resulta atractivo".

Después llega el momento de las fantasías desbocadas donde atribuimos cualidades extraordinarias a esa persona debido al bienestar endorfínico que produce su ausencia.

Y finalmente el amor desemboca en momentos de más trato y actividades en común, creándose así un vínculo emocional y sexual, con una segregación importante de feniletilamina (que también aparece curiosamente en el chocolate, de ahí que se considere como un sustitutivo del sexo).

Y durante todo este proceso, la persona padece diversos síntomas que demuestran perfectamente que está enamorado, y son:

- Intenso deseo de intimidad y unión física con la otra persona.
- Deseo de reciprocidad.
- Temor al rechazo.
- Frecuentes pensamientos de la persona que interfieren en la vida diaria.
- Pérdida de concentración.
- Fuerte actividad fisiológica ante la presencia de esa persona.
- Idealización de esa persona y centro de atención principal.


Como se puede observar, desde el punto de vista científico, el amor es mucho más complejo de lo que los poetas románticos nos han contado a lo largo de la historia. Este toque romántico que se le atribuye al amor es generado por las experiencias que se crean, fruto de lo que esas reacciones químicas nos impulsan a hacer.

Así que, para esas personas que no creen que el amor exista, decir que en realidad es algo que llevamos en nuestros genes y que no podemos evitar sentirlo ante ciertas personas, las cuales desencadenan todo este complejo proceso químico en nuestro cerebro. Y la clave de su duración se encuentra en no permitir que esas reacciones se dejen de producir, ¿Cómo? Amando siempre igual que desde el primer día.