Pero la Iglesia siempre nos ha inculcado que para ser buenas personas tenemos que reducir al máximo los defectos que nos hacen ser malos, denominándolos pecados capitales o vicios, y clasificándolos en siete: Ira, gula, ambición, envidia, lujuria, pereza y orgullo.
Su objetivo es que erradiquemos estos vicios de nuestra vida para ser puros, pero no sé si son conscientes de que eso es imposible. Estos "pecados" de los que habla la Iglesia no son más que rasgos de la personalidad imprescindibles e inherentes al ser humano. Superficialmente pueden parecer perjudiciales, pero con esta entrada os quiero demostrar que cada uno aporta un beneficio para la vida, el cual no podría darse si no existiesen.

Sólo existió un animal que no tenía ira y que ahora está extinto. Ese animal es el Dodo, un ave columbiforme (con forma de paloma) del tamaño de un cisne con una cabeza enorme y un pico robusto. Vivía en las islas Mauricio y el último ejemplar desapareció en 1761 porque se dejaba comer los huevos de sus crías. No sentía esa necesidad de defender lo que era suyo, lo que se puede denominar un ave tonta careciente de ira o enfado. Por tanto, la ira también es necesaria para defender lo que es nuestro y así hacer frente a ciertas situaciones.

Este hecho se debe a que nuestro organismo está preparado para poder comer, a pesar de carecer de hambre, con el fin de almacenar energías y así tener reservas por si más adelante falta la comida. Además, el gusto influye mucho en este rasgo, ya que, gracias a nuestras papilas gustativas, la comida nos resulta agradable y atractiva, saboreándola de manera que así saciamos ese placer que nos provoca comerla.

Sigamos con la AMBICIÓN, definida como el deseo ardiente de poseer riquezas, poder o cualidades. Si esto lo aplicamos a la vida individual de cada persona, la ambición es necesaria para conseguir los objetivos, metas o sueños que tenemos. Gracias a la ambición el ser humano tiene la suficiente motivación como para no desistir en un sueño por muchas veces que fracase. Si insiste lo suficiente, tarde o temprano lo conseguirá.
Por eso existen muchas personas que han llegado tan lejos a pesar de los palos que le ha dado la vida, como Walt Disney por ejemplo. Antes de convertirse en uno de los hombres más famosos del mundo, trabajó para una empresa que le despidió por falta de creatividad. Puede parecer irónico, pero él jamás desistió porque tenía bastante ambición y continuó por su cuenta hasta crear una de las mayores empresas de dibujos animados de la historia, y que actualmente sigue teniendo mucho éxito y fama.

Además, existe un autor de la psicología evolutiva, Ausubel, que explica este comportamiento con su teoría constructivista del andamiaje y aprendizaje por descubrimiento a través de la imitación de lo que otra persona hace, la cual actúa como modelo en dicho proceso de aprendizaje. Así pues, si no existiese la envidia, las personas no tendrían la necesidad de imitar y se habrían perdido muchos conocimientos y habilidades útiles para la vida.

Si el ser humano (que ya carece de celo) no tuviese ese libido o apetito sexual, no tendría razón alguna para reproducirse y mantener así la especie. Por tanto, esa pasión que sentimos hacia otras personas y que nos provoca placer es la que, en cierto modo, nos salva de la extinción.

Si las personas no tuviesen pereza, no pararían de hacer cosas y moverse, lo que aumentaría el estrés y el cansancio tanto físico como mental. Por eso es tan necesaria, ya que ayuda a desconectar de la monotonía y relajarnos durante un rato para tener nuestro momento de paz. Esto es tan necesario como el ejercicio; siempre debe haber un equilibrio para una buena calidad de vida.

Si no tuviésemos nadie orgullo, seríamos una presa fácil para aquellas personas a las que les gusta aprovecharse de la bondad o generosidad de la gente. Además, tenerlo evita que tengamos una baja autoestima ante situaciones que puedan rebajarnos o humillarnos como personas.
Como podéis ver, todos estos rasgos también forman parte de nuestra personalidad; y que los poseamos no significa que seamos peores personas. Aunque no debemos olvidar también que todo en exceso es malo, así que no debemos abusar de ellos. Como he dicho antes, siempre debe haber un equilibrio. Esa es la clave para una buena vida.