lunes, 2 de febrero de 2015

EL MIEDO

Todo ser vivo ha experimentado alguna vez el miedo. Algunos piensan que es de cobardes, pero están muy equivocados. El miedo es necesario para la supervivencia animal, incluida la de los seres humanos. Pero ¿Qué es el miedo?, ¿Por qué se produce? y ¿Cuáles no podemos evitar sentirlos? Estas preguntas siempre han estado en mi cabeza y por eso son el motivo de esta entrada.
El miedo tiene múltiples definiciones, dependiendo del enfoque que queramos darlo, de manera que:

Desde el punto de vista biológico, el miedo es un esquema adaptativo que constituye un mecanismo de supervivencia y defensa, y surge con la finalidad de permitir al individuo responder ante situaciones adversas con rapidez y eficacia; por lo que tenerlo es beneficioso.

Desde un punto de vista neurológico, es una forma común de organización del cerebro, y consiste en la activación de la amígdala (conjunto de núcleos de neuronas) situadas en el lóbulo temporal.

 Desde el punto de vista psicológico, es un estado afectivo y emocional necesario para la correcta adaptación del organismo al medio, que provoca ansiedad y angustia.

Y desde el punto de vista social y cultural, forma parte del carácter de la persona y está influenciado por la sociedad, por lo que se puede aprender a temer objetos o situaciones, pero también se puede aprender a no temerlos; dependiendo de lo que se considere bueno o malo en cada cultura.

Pero a pesar de todas estas definiciones, sin duda alguna el miedo nos alerta de peligros que no nos han ocasionado algún dolor, sino más bien de una amenaza a la salud o a la supervivencia. Además, el miedo se hace, no se nace con ello. El miedo se origina por un cúmulo de experiencias negativas o desagradables, ya que un bebé recién nacido que nunca ha sido asustado o ha visto cosas que le aterroricen carece de miedo.

Otra de las grandes cuestiones es por qué sentimos ese miedo ante ciertas situaciones. Pues bien, según un artículo publicado por Nature Neuroscience, se puede decir que el miedo es cuestión de números y depende de una votación "democrática" entre nuestras neuronas, ya que cada neurona puede distinguir individualmente lo que supone una amenaza de lo que no; por lo que si la mayoría se alarman sentimos miedo, pero si sólo se alarman unas pocas podemos permanecer tranquilos.

Utilizando la técnica psicoanalítica de Pavlov para adiestrar un perro a salivar cuando oía una campana anunciando comida, los investigadores del Centro Nacional de Ciencias Biológicas de Bangalore (India) enseñaron a un grupo de ratas a temer un sonido concreto que lo seguía una descarga eléctrica de otro que no tenía castigo, utilizando así el condicionamiento clásico.

Los roedores enseguida aprendieron a distinguir entre los dos sonidos, el que anunciaba problemas y el que era neutro. Cuando las ratas ya tenían claro lo que había que temer y lo que no, los investigadores midieron la actividad eléctrica de sus neuronas, que es la base de la transmisión de los impulsos nerviosos; y vieron que con el aprendizaje la actividad eléctrica cambiaba, es decir, la mayoría de las neuronas respondían con más intensidad al sonido del peligro que al neutro.

 Sin embargo, vieron que había un pequeño número de neuronas (que podríamos clasificar como miedosas) que no tenían esa capacidad de distinguir el sonido amenazante del neutro, y se alteraban en ambos casos. Pero a pesar de ello, se imponía siempre la opinión de la mayoría de las neuronas, y la rata se mostraba tranquila ante el sonido neutro.

Pero a base de repeticiones, los investigadores descubrieron que la actividad eléctrica en la amígdala (el cuartel general del miedo) había cambiado por completo. Ahora casi 5 de cada 6 veces las neuronas respondían de forma alarmante tanto al sonido peligroso como al neutro. Y esto se debe a que una gran parte de las neuronas habían perdido la capacidad de distinguir lo verdaderamente peligroso y se habían convertido en mayoría, lo que explica el comportamiento de "más vale prevenir" que surge de la sabiduría y experiencias previas.

Por esta razón, con el tiempo la persona aprende a tener menos miedos que de joven, ya que tiene más conocimiento de la vida, y la experiencia le ayuda a saber cómo actuar para evitar situaciones futuras que pueden provocar miedo o incertidumbre.

Pero, a pesar de que existe una gran variedad de miedos, muchos de ellos capaces de superarlos con el tiempo a base de esfuerzo y experiencias como por ejemplo: miedo a la oscuridad, a ciertos animales, pánico escénico...; siempre va a haber 3 grandes miedos comunes a todas las personas, que van a experimentar alguna vez en la vida y que no podrán evitar sentir. Estos miedos son: soledad, rechazo e impotencia.

La soledad es un gran miedo para el ser humano debido a que somos sociales por naturaleza . Una persona puede ser independiente pero no solitaria. Es decir, cuando somos pequeños solemos ser dependientes de la figura o figuras de apego como son los padres, y más tarde del grupo de iguales como son los amigos. Pero cuando la persona madura, adquiere la suficiente autonomía como para independizarse lo suficiente y valerse por sí misma. Sin embargo, durante todo ese proceso siempre va a necesitar estar en continua relación con otras personas. Alguien que pasa solo mucho tiempo acaba perjudicando su salud mental, y el simple hecho de sentirse así puede provocar pánico y ansiedad.



El rechazo es otro gran miedo, sobre todo el rechazo social. Este miedo está estrechamente ligado al anterior, ya que al ser sociales nos gusta sentirnos aceptados y valorados por los demás, y el simple hecho de pensar que podemos ser desplazados por alguien o excluidos de alguna actividad o relación es insoportable. Además, este miedo provoca una disminución de la autoestima y de la confianza de uno mismo, llegando al punto de la depresión.




Y la impotencia o la sensación de no poder hacer nada ante un problema o situación es otro gran miedo muy arraigado en el ser humano ¿No os ha pasado alguna vez que os surja un problema, ya sea personal o ajeno, y que por mucho que hagáis no podáis solucionarlo? A mí sí, y se pasa realmente mal. Hace que te sientas inútil y acaba desesperando. Y este miedo surge desde pequeñitos, cuando algo se rompe y no podemos arreglarlo o dejarlo como estaba en un principio. Claro está que de pequeños no somos conscientes de que las cosas superficiales, como objetos, se pueden reemplazar por otras con dinero y solucionar así el problema; pero a medida que nos hacemos mayores vamos descubriendo que son otras cosas, como la familia, el amor o la amistad, lo que no se puede solucionar o reemplazar con dinero. Lo que provoca realmente impotencia es el hecho de perderlo y no poder recuperarlo de nuevo por mucho que hagamos.

En definitiva, el miedo es una sensación muy presente a lo largo de nuestra vida y el hecho de tenerlo no es malo, ya que nos ayuda a aprender de los errores y de las malas experiencias. Gracias a él, podremos evitar en un futuro que ciertas situaciones se repitan y tener así una mejor calidad de vida. Y por supuesto, cuanto más escarmentados estemos, podremos prevenir mejor la aparición de estos grandes miedos.

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